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Primero el amor, después la técnica

Primero el amor, después la técnica

Estefania Mancini

2 de octubre de 2026

3 min read

La pregunta que nos deja sin dormir en las noches de ola de calor es incómoda, casi peligrosa: ¿podemos seguir usando tecnología de la manera en que la usamos? O mejor dicho, ¿la tecnología nos está usando a nosotros? En el último episodio de Activismo de Datos, nos hacemos estas preguntas sin filtro

La factura energética de nuestras apps favoritas

Cuando abris Instagram, cuando usás ChatGPT, cuando le pedís a Alexa que te ponga una canción, estás consumiendo enormes cantidades de energía. Detrás de cada consulta, cada búsqueda, cada video que se carga, hay data centers gigantes que funcionan 24/7, consumiendo agua, emitiendo carbono, alimentando la máquina que, irónicamente, se supone que nos hace la vida más fácil.

Los incendios que vemos en las noticias, la ola de calor que nos tiene al borde del colapso, no son desconectados de nuestras vidas digitales. Son parte del mismo sistema. Las grandes empresas tecnológicas necesitan recursos naturales para mantener sus infraestructuras. Necesitan agua para enfriar servidores. Necesitan electricidad que, en muchos casos, sigue viniendo de combustibles fósiles.

La pregunta que nadie quiere hacer es: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar por la conveniencia?

Cuando el Papa se atreve a hablar de lo que otros callan

Estamos en Barcelona, la ciudad que el Papa León visitó hace poco y cuya ceremonia más improtante se coronó con la celebre frase del arquitecto catalán más conocido de de todos os tiempos: primero el amor, después la técnica.

Que tiene que ver esto con el Papa? Que él mismo, erudito en matemática y ante los avances vertiginosos de la IA publicó en mayo su primera encíclica Magnífica humanitas, donde pide explícitamente liberar a la IA de “lógicas que la transforman en instrumento de dominio, exclusión o muerte”. Masomenos lo mismo que decía Gaudí

No es la primera vez que la Iglesia se mete en temas de tecnología, pero esta vez el mensaje fue particularmente incómodo para quienes hoy dominan el mundo tecnológico de los datos y la inteligencia artificial.

No es un problema que se resuelve con un cambio individual, aunque eso ayude. Es un problema estructural que requiere presión política, regulación, transparencia y, sobre todo, la voluntad colectiva de decir que queremos otra cosa.

¿Se ve lejano? Puede ser. Pero cada vez hay más voces, más activistas, más científicos, más ciudadanía que se da cuenta de que esto no está escrito en piedra. Los algoritmos no son leyes naturales. La IA no es un destino inevitable.

Podemos diseñar tecnología de otra manera. Podemos exigir que las empresas sean responsables por el impacto de sus sistemas. Podemos construir alternativas que prioricen la vida sobre la ganancia.

Primero el amor, después la técnica. Amor por el planeta, por la verdad, por las personas que quedan afuera de la narrativa tech. La técnica es solo una herramienta. Lo que importa es quién la maneja y para qué.

La columna Activismo de Datos nació con la idea de no resignarse a pensar que la única salida sea “apagamos todo y nos vamos”. Si quieres profundizar en estas discusiones que desafían los lugares comunes, salimos:

  • Martes de 15 a 16 h en El Prat Radio 91.6
  • Domingos de 19 a 20 h en Universidad Nacional de Rosario 103.3
  • Online en [Spotify](https://open.spotify.com/episode/6j3YLBdXe3uRExOHUM9NiS?si=c651f6295cd04447)

Este es un espacio para pensar juntxs cómo convivir responsablemente en una realidad cada vez más datificada. Hay preguntas que vale la pena hacer.